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Esto es Barcelona

Al volver de las vacaciones, todo el mundo me preguntaba: «Cuéntanos, ¿qué habéis hecho?». El interlocutor pretende que responda algo conciso, lo sé. Le digo: «Bien, muy bien, una pasada». Y es que, ¿cómo se pueden resumir en una frase unas vacaciones? ¡No se puede! Me dicen que me quede con un solo momento. Es imposible. ¿Qué elijo? ¿El sol saliendo tras la montaña del Pedraforca o los rincones escondidos de Estana? ¿El ruido del helio hinchando el globo o el silencio de los copos de nieve cayendo sobre Montgarri? Mira, no lo sé.

La Cerdanya, Globus. Barcelona

Ya habíamos estado en Barcelona alguna vez, así que buscábamos hacer algo diferente. Un día, mirando un mapa, vimos que muy cerca se veía el perfil de las montañas. Y así, casi sin pensarlo, me encontré embarcada en un viaje a un universo paralelo. Resulta que a solo dos horas de Barcelona encontré montañas y, con ellas, aquella combinación de placidez y felicidad.

Tengo el recuerdo de estar recorriendo senderos en BTT por el Berguedà y practicar senderismo por el Parque Natural del Cadí Moixeró. Recuerdo el crec crec de las raquetas de nieve al andar por los senderos del Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici y el atardecer con el relieve de fondo de las montañas del Val d'Aran. Recuerdo ese momento de felicidad al quitarme las botas de esquí para sentarnos en un pequeño restaurante mientras una tabla de embutidos y quesos con un buen vino me pedían a gritos que me los zampara sin pensar en dietas ni en kilocalorías. O que, después de que me despertara el canto de un gallo y mirara por la ventana, a pesar de tener los pies cansados, agujetas y la nariz roja, sonriera pensando en que todavía nos quedaba tiempo para ir a descubrir el románico de las iglesias de los Pirineos.

Estana, raquetes de neu. Barcelona

El blanco de la nieve me recordaba al blanco del magnesio, y el frío de la nieve se oponía al calor de la roca y los primeros rayos de sol en las paredes de Coll de Nargó, donde pasamos una mañana escalando. Y todo ello contrastaba con lo que habíamos vivido dos días antes en Barcelona: el modernismo de Sant Pau Recinte Modernista con el románico austero de Santa María de Ripoll; la sal y la arena de la playa de la Barceloneta con los saltos de agua de la Font del Bisbe en la Pobla de Lillet. Nos dijeron «Esto es Barcelona», mostrándonos una postal del Pedraforca. Y no nos lo creíamos hasta que lo vivimos, y ahora podemos afirmar que sí, de Barcelona a los Pirineos.

Sant Pau - Recinte Modernista, Barcelona

Ahora vuelvo a estar sentada en este bar con los amigos, que me siguen preguntando con qué momento de las vacaciones me quedo. Pues lo siento, pero no puedo elegir. Mira el video y opina, o aún mejor, ve a Barcelona, escápate a los Pirineos y descúbrelo de primera mano.

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