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Tibidabo, la montaña mágica

No es de extrañar que los propios barceloneses la bautizarán como la montaña mágica. Sus 515 metros de altura la convierten en el punto más alto de la Sierra de Collserola y, debido a ello, su silueta figura en el imaginario visual de las postales de la ciudad. No olvidéis la cámara si decidís subir a descubrirla, podréis captar Barcelona a vuestros pies y sobrevolar con vuestros ojos sus edificios más emblemáticos.

La historia, la naturaleza y la diversión bailan de la mano en una de las rutas más inolvidables de la ciudad condal. El camino hasta el Tibidado es toda una experiencia. Aunque se puede ir en coche, el camino recomendado y tradicional es a través del Tranvía Azul. Un tranvía que funciona desde el 1901 y es el único superviviente de la antigua línea de tranvías de Barcelona. Realiza un recorrido de 1.276 metros desde Avinguda Tibidabo hasta la cima de la montaña mágica. Desde sus ventanas podrás observar los edificios modernistas y novecentistas hasta fundirte en la naturaleza de Collserola y conquistar las vistas desde su punto más alto.

Tras el camino, llega la diversión. Bienvenidos al Parc d'atraccions Tibidabo (Parque de atracciones Tibidabo), un parque centenario que abrió sus puertas en 1901 con más de 25 atracciones, espectáculos, animaciones, restaurantes, zonas de picnics y con las mejores vistas panorámicas de toda la ciudad. Podéis conseguir la entrada y el trayecto en tan sólo un clic en VisitBarcelona Tickets, os saldrá mejor de precio y además no tendréis que hacer cola.

El parque es, sin duda, uno de los componentes más mágicos de la montaña junto a sus atracciones más modernas, podemos contemplar el mítico Avión Rojo, la Atalaya que sube a 50 metros hasta alcanzar los 550 metros sobre el nivel del mar. Hay otras atracciones que se reparten entre otros cinco niveles, destacando las montañas rusas como el Tibidabo Express, con fuertes sacudidas a 50 kilómetros por hora. Uno de los elementos más bellos y posiblemente más valiosos del parque es el sorprendente Museo de Autómatas. Se trata de una colección de maquetas en movimiento y de muñecos autómatas de principios del siglo XX que se movían cuando alguien les echaba una moneda. Contemplar estos antiguos muñecos y ver sus movimientos no tan sólo divierte al visitante, sino que le deja una inquietud inexplicable. Cuenta la leyenda que cuando Walt Disney visitó el parque se enamoró de un autómata hasta tal punto que, para conseguir que se lo vendieran, extendió un cheque en blanco. Sin embargo no consiguió su objetivo, hay cosas que no se pueden comprar ni llamándote Disney de apellido.

Hay muchos restaurantes, puestos de comida para comer, pero también podéis llevaros la comida e instalaros en las zonas de picnic que hay repartidas por las instalaciones del parque. Así que ya sabéis, no os olvidéis del mantel, la cesta y aquello que os apetezca para saborear Barcelona a vuestros pies.

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